Arte y disciplina según Lanza del Vasto

¿Qué es el estilo? Para Lanza del Vasto es una tensión entre la espontaneidad y la disciplina, entre la inspiración y la voluntad, entre la “venida” y la “medida”. Explicaciones de Daniel Vigne sobre esta exigente visión del arte, visión de un filósofo él mismo artista.

El siglo XX ha enturbiado muchas de las referencias en el terreno del arte. Se ha confundido la creatividad con la originalidad, la singularidad y la provocación(1). El artista ha caído él mismo en la trampa de la dictadura de las modas, de la “cultura” y del mercado. Mas esta decadencia es, sin embargo, tan evidente que es inútil lamentarse por ella. Y la pregunta por hacerse es cómo salir de esto.

Lanza del Vasto reflexionaría mucho sobre esta cuestión. Como traté de demostrarlo en mi tesis, su filosofía se funda enteramente sobre la cuestión de la Estética, es decir de la sensibilidad del arte y de la belleza(2). A contracorriente de una época que ha exaltado la deconstrucción y la novedad chocante, él abonaría el terreno para caminar hacia un arte auténtico.

En este breve artículo quisiera subrayar un aspecto particularmente interesante de su reflexión sobre la cuestión del “estilo”. Para ser reconocida como bella, una obra artística debe poseer aquella misteriosa característica. Pero ¿de qué se trata exactamente?, ¿y cuáles son los criterios que permiten reconocer la presencia de un estilo?

Art et discipline selon Lanza del Vasto

 

Fiel al principio que subyace a todo su pensamiento, Lanza del Vasto considera el estilo a partir de una relación entre dos elementos: la "venida" y la “medida”. Por un lado: la inspiración, por otro lado: las reglas; por un lado: la espontaneidad, por otro lado: la disciplina. Pero entre estos dos polos, no se trata de hallar un término medio: la tensión que los opone es viva y fecunda. Es un secreto amoroso que sólo el artista es capaz de penetrar. Veamos cómo.

En toda obra de arte, escribe Lanza: “cabe considerar el aspecto de lo que brota y es múltiple, que podemos llamar inspiración, y el aspecto estable y unificador que se le opone y que podemos llamar estilo(3). ” Y en otra parte: “todo el drama del arte se juega entre la operación espontánea y la aplicación de cánones y reglas. Y podríamos decir que toda obra de arte es un tratado de paz entre estos opuestos. Llamo estilo al aspecto no emotivo de la belleza(4).”

Esta definición puede parecer extraña: ¿no es la belleza por naturaleza una emoción y un sentimiento? Sí, responde Lanza del Vasto, pero es una emoción purificada, un sentimiento decantado que, lejos de oscurecer el espíritu, lo eleva y lo clarifica. Porque no es el efecto de un brote brutal de la sensibilidad del artista, sino de un trabajo estético que “dentro de las reglas del arte”, le permite dar forma a sus emociones.
El artista es un alquimista capaz de transmutar el barro en oro. Ciertamente la espontaneidad le es necesaria, pero mientras no haya sido transmutada, no es más que una materia amorfa. La inspiración primera no es más que un punto de partida, una “venida” que exige, para expresarse, la “medida” y la “comedida”, una habilidad sin la cual no puede encontrar su estilo.
Para que la sensibilidad florezca en el arte, debe tomar apoyo sobre la inteligencia y la voluntad, es decir movilizar la persona entera. No se trata ni de renegar del talento ni de reprimirlo sino de darle medios para perdurar. “Lo contrario de la estética es lo estimulante”, decía Schiller citado por Lanza, que también cita a Nietzsche: « Es menester que la emoción sea apaciguada en belleza(5). »

Para esto son necesarios medios sobre los cuales Lanza del Vasto no dejó de meditar ni de ejercitarse en ellos, siendo él mismo artista. Los resume en una bella fórmula: “purificar los tonos, simplificar los rasgos, imprimir un ritmo a los movimientos y a las acciones, cuidar del equilibrio de las partes y las correspondencias, no perder nunca el centro y la fuente de vida, de donde proviene toda belleza. He aquí las reglas del arte que también son reglas de vida(6)”.
Cada palabra de esta frase merece plena atención porque no expresan principios generales sino que nos remiten a una experiencia concreta. Todo artista los conoce y los vive en propia carne, de manera a la vez feliz y dolorosa. E incluso el que no es artista, como ya lo hemos deducido, puede inspirarse de ello para vivir más plenamente.

Es cierto que esta visión estructurada del arte, es exigente. Pero es uno de los tesoros que Lanza colocó en el Arca que fundó, uno de los secretos de la solidez del navío.

Publicado en Nouvelles de l’Arche, Année 67, n° 1 (1er trimestre 2019), p. 16-17.

(1) En 1917, Marcel Duchamp expone un orinal vuelto del revés que intituló Fuente. Nacimiento, se dice, del arte contemporáneo.
(2) La Relation infinie, vol. 1, Les arts et les sciences, éd. du Cerf, 2008, p. 39-220.
(3)Dialogue de l’amitié, éd. Robert Laffont, 1942, p. 62.
(4) « Dialogue du style », dans Cahiers du Sud nº 252, 1943, p. 11
(5) Dialogues avec Lanza del Vasto, éd. du Cerf, 1980, p. 110.
(6) Les quatre piliers de la paix, éd. du Rocher, 1992, p. 279.