Con él sobre el Larzac

Émilia Armengaud (1946)

Cuando conocí al Arca, residía en la región de Toulouse. Nuestro profesor de yoga nos llevó un día a visitar la Borie con ocasión de unas prácticas en la región. Alguien nos habló de la no-violencia y de Gandhi. Fue durante aquel curso de yoga que descubrí una transformación concreta de la vida, en la práctica.

Dos años más tarde, volví otra vez al Arca para hacer una estancia, para conocer mejor la unidad de vida propuesta. Todos los planos estaban en juego: la vida práctica, el cuerpo, el espíritu…Este modo de vida era un verdadero acto político.

En aquel momento estaba organizado sobre el Larzac un ayuno de Lanza para animar la resistencia a la implantación del terreno militar. Insistí para participar. Así fue como me encontré ayunando con Shantidas en la Cavalerie. Sólo él ayunaba los quince días enteros; nosotros, los acompañantes, podíamos quedarnos allí pero sólo ayunábamos un día o dos.

He visto desfilar todos los grupos que venían a escuchar las charlas por las tardes. Lanza explicaba la no-violencia, la acción…etc. Su enseñanza me aportó mucho y orientó toda mi vida. Siendo reservada por naturaleza, estaba impresionada por su personaje; escribí sin embargo bajo su dictado algunas cartas para el Presidente de la República.

Recuerdo también que vino la Caille para encender el fuego. ¡Cantaba cantos del Arca magníficos!

Desde aquella estancia en el Larzac siempre guardé contacto con el Arca, hasta el punto de comprometerme con la vida comunitaria, 8 años en Bonnecombe, luego diez años en Truels sobre el Larzac.

Lanza del Vasto y Gandhi han sido y continúan siendo para mí una referencia por su análisis del mundo.