Una puesta de sol esplendorosa

Édith Moussalli (1932)

Mi primer contacto con el Arca y Shantidas tuvo lugar durante el verano de 1955 cuando vine a un campamento de verano. Me interesó muy en particular su charla sobre el simbolismo.

Más tarde postulé y solicité una entrevista con él. Pero me pareció gélido, porque no decía nada, se limitaba a escucharme, de modo que no renové la experiencia.

En aquel tiempo, el saludo vespertino alrededor del fuego entre hombres y mujeres se hacía con una especie de apretón de manos, el hombre tomando la mano de las compañeras entre sus dos palmas. Shantidas tenía un apretón de manos especialmente cálido. Al transmitirle mi afecto mediante una presión, me dijo que no era cosa de hacer porque era un signo utilizado por los Francmasones para reconocerse entre ellos.

Como si le viera también, mucho más tarde, delante de la casa de la Borie-Noble, haciendo aspavientos desde lejos para que acudiésemos. Andábamos ocupados y no comprendíamos qué nos pedía, al fin fui a su encuentro ya que insistía. Entonces comprendí: quería hacernos compartir el espectáculo de una puesta de sol esplendorosa.

Chanterelle era muy buena, maternal y tierna, además de un carácter afilado y autoritario, hablando a veces de manera cortante – mas pronto compensaba con ternura. Era muy bella, y más aún con sus cabellos blancos y ojos umbrosos. Shantidas estaba muy enamorado, atento a las demandas de su esposa. Cuando falleció, su tristeza fue inmensa.

No son sino unos pocos recuerdos, bien pocos comparado con todo lo que la enseñanza de Shantidas aportó a nuestras vidas, y con la experiencia de expansión y de liberación que permite la vida comunitaria.